martes, julio 28, 2015

Philip Roth



Roth se despierta temprano y, siete días a la semana, camina unos 50 metros hasta su estudio. La habitación principal es exterior, con una chimenea, una mesa de trabajo, y un ordenador colocado en una especie de atril, donde puede escribir de pie y así evitar sus frecuentes dolores de espalda.

Allí pasa la mañana y gran parte de la tarde: sin teléfono, sin fax. Nada entra. Al caer la tarde, da largos paseos, la mayoría de las veces tratando de resolver cuestiones de la novela que le tenga poseído.

"Vivo solo, no tengo a nadie de quien responsabilizarme o con quien pasar el tiempo". "Mi agenda es absolutamente mía. Normalmente, escribo todo el día, pero si quiero vuelvo al estudio al final de la tarde, después de cenar, no tengo que sentarme en el cuarto de estar porque haya alguien que haya pasado el día entero solo. No tengo que sentarme allí y ser entretenido o divertido. Vuelvo para allá y trabajo dos o tres horas más. Si me despierto a las dos de la mañana -esto ocurre raramente, pero a veces ocurre- y algo me ha aparecido, enciendo la luz y escribo en mi dormitorio. Tengo estas pequeñas cosas amarillas por todos lados. Leo hasta la hora que quiero. Si me levanto a las cinco de la mañana y no puedo dormir y quiero trabajar, me voy al estudio. Y trabajo, estoy de guardia. Soy como un médico en urgencias. Yo soy la emergencia."


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