jueves, julio 23, 2015

Virginia Woolf



Entre los veinte y los treinta años, Virginia Woolf escribía durante dos horas y media cada mañana, sobre una mesa alta con una tabla ladeada como si fuera un atril, ya que de esta manera le permitía trabajar cerca del texto y también tomar distancia. Pero según su irreverente sobrino y colaborador, Quentin Bell, aquella versión de la mesa alta de trabajo era menos un asunto práctico, y más un tema de rivalidad con su hermana, la artista Vanessa Bell.

Cuando abandonó este invento, Woolf siguió inventando. Cuando pasó de trabajar de pie a hacerlo sentada, creó un artilugio del que estaba muy orgullosa: utilizó una pieza de contrachapado fino como tablero de escritura, al que adjuntó una bandeja para las plumas y tinta. Así no tenía que levantarse e interrumpir su flujo de inspiración si se quedaba sin materiales.

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